Y yo que evitaba subirme a los columpios por miedo a salir volando, ojalá me hubiera dado cuenta que era un excelente ensayo para aprender a volar y volar y volar... y después caer.
Uf, si nos diéramos cuenta de tantas cosas en su momento... el caso es q te has dado cuenta ahora y aún puedes montarte en columpios y aprender a volar y a caer de pie.
-¿Quieres hacer el amor?- -Sí- asentó con la cabeza, mientras pasaban un comercial de coca-cola en la televisión esperando que re iniciara “El Gran Pez”. Ésa ya la habían visto aproximadamente unas 15 veces, así que no habría problema de perdérsela esa tarde. Se desvistió como en mismo gusto que se desvestía a los siete años para bañarse en la tinita que le regalaron en su cumpleaños. La inocencia convertida en lujuria, el pecado o más bien virtud, que, después de conocer, jamás pudo evitar. Aunque era la primera en empezar con el protocolo de adornar la alfombra con ropa, terminaba en la cama después de él, ya no le importaba apagar la luz. Entonces el tiempo se dormía, la conciencia se salía por la ventana, y el rojo de sus corazones sobresalía de su piel. Sólo con mirarse. Y después, el amor.
Hay días en que valdría más no salir de la cama, pero en cambio hay otros donde vale bastante la pena (y la flojera). Tal fue el caso del día domingo 20, y es que no sólo vi a un Nacho Vegas, sino que mis ojos pudieron capturar aproximadamente a unos 500. Realmente fue extraordinario ver ese montón de piecitos envueltos en zapatos negros recién boleados y sin raspaduras; sacos de todos tipos, pero claro en colores oscuros; cabellos ondulados y a medio cortar. ¿Cómo lo hacen?, ¿Cómo pueden todos los fans de Nacho Vegas tener el cabello parecido al suyo? Es algo así como el cabello largo, lacio y negro de todos los emos; pero en fin, ver a ese montón de ojos tapándose la esperanza, la ilusión y el inexistente sol de las 19:00 con esas gafas negras estilo RayBan hizo que valiera la pena en gran medida, claro que no tanto como ver, escuchar y sentir el concierto a más o menos a 3 metros de distancia de Vegas y concretar su gran, gran parecido con alguien que conozco bien.
Nunca pudiste evitar, en cada cristal que te recordara lo que tu espejo te corroboró todas las mañanas antes de salir al trabajo, mirarte. Como si hubieras olvidado de qué color te pintaste los ojos y revisar que tus lunares estuvieran en el mismo sitio. No lo preferiría de otra manera.
Comentarios
Un besíN!
simplemente
ATERRIZAR ?
Besos
El volar es maravilloso, y l caìda siempre vale pena
Un abrazo y buenas vibras
A mi siempre me gustaron los columpios, por eso quizás ando siempre perdida entre las nubes.
Saludos
Mar (... desde la roca que me cobija)