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Maravillas de la Condición Humana

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Hay días en que valdría más no salir de la cama, pero en cambio hay otros donde vale bastante la pena (y la flojera). Tal fue el caso del día domingo 20, y es que no sólo vi a un Nacho Vegas, sino que mis ojos pudieron capturar aproximadamente a unos 500. Realmente fue extraordinario ver ese montón de piecitos envueltos en zapatos negros recién boleados y sin raspaduras; sacos de todos tipos, pero claro en colores oscuros; cabellos ondulados y a medio cortar. ¿Cómo lo hacen?, ¿Cómo pueden todos los fans de Nacho Vegas tener el cabello parecido al suyo? Es algo así como el cabello largo, lacio y negro de todos los emos; pero en fin, ver a ese montón de ojos tapándose la esperanza, la ilusión y el inexistente sol de las 19:00 con esas gafas negras estilo RayBan hizo que valiera la pena en gran medida, claro que no tanto como ver, escuchar y sentir el concierto a más o menos a 3 metros de distancia de Vegas y concretar su gran, gran parecido con alguien que conozco bien.

Los columpios

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Y yo que evitaba subirme a los columpios por miedo a salir volando, ojalá me hubiera dado cuenta que era un excelente ensayo para aprender a volar y volar y volar... y después caer.

GRAVEDAD SIN AZÚCAR

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Ambos sabíamos que la electrostática estaba entre nosotros. Nos atraíamos como la carga negativa a la positiva y viceversa. Verte cruzar el camino que te acercaba a mí, era la vida sonriéndome en secreto, mi corazón bombeaba la sangre con tal intensidad que podía explotar en cualquier momento. Tú temblabas con sólo hablarme, nos paralizaba la atmósfera colorida que se pintaba en torno a nosotros como un amanecer en la playa, y el reloj se paraba, la tierra dejaba de girar y Kepler estaba más equivocado que nunca. Vacilábamos, tartamudeábamos, el resto de la gente que tomaba café despacio desaparecía y tus muchas palabras dirigidas a mí sonaban a canción cuyos acordes proferían impacientes ser ahogados con un beso.

Resta

Vela ahí derrotada, por esa necesidad suya de darlo todo, sin pedir nada a cambio.

Libre concesión

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Te regalo un amor libre, sin ataduras, sin candados, con letras volando para que hagas tus poemas. Te regalo un amor libre, sin raspaduras, sin olvidos, con sentido y sobretodo consentido. Te regalo un amor libre, te regalo un amor, libre.

Dormir

¿Qué te dicen esos ojos cuando se quedan dormidos a media noche y todo el día?
Y cuando a lo lejos, entre el tumulto de gente que se desliza y camina a prisa como siguiendo la verdad, te veo y vuelvo a casa.