Entradas

Los columpios

Imagen
Y yo que evitaba subirme a los columpios por miedo a salir volando, ojalá me hubiera dado cuenta que era un excelente ensayo para aprender a volar y volar y volar... y después caer.

GRAVEDAD SIN AZÚCAR

Imagen
Ambos sabíamos que la electrostática estaba entre nosotros. Nos atraíamos como la carga negativa a la positiva y viceversa. Verte cruzar el camino que te acercaba a mí, era la vida sonriéndome en secreto, mi corazón bombeaba la sangre con tal intensidad que podía explotar en cualquier momento. Tú temblabas con sólo hablarme, nos paralizaba la atmósfera colorida que se pintaba en torno a nosotros como un amanecer en la playa, y el reloj se paraba, la tierra dejaba de girar y Kepler estaba más equivocado que nunca. Vacilábamos, tartamudeábamos, el resto de la gente que tomaba café despacio desaparecía y tus muchas palabras dirigidas a mí sonaban a canción cuyos acordes proferían impacientes ser ahogados con un beso.

Resta

Vela ahí derrotada, por esa necesidad suya de darlo todo, sin pedir nada a cambio.

Libre concesión

Imagen
Te regalo un amor libre, sin ataduras, sin candados, con letras volando para que hagas tus poemas. Te regalo un amor libre, sin raspaduras, sin olvidos, con sentido y sobretodo consentido. Te regalo un amor libre, te regalo un amor, libre.

Dormir

¿Qué te dicen esos ojos cuando se quedan dormidos a media noche y todo el día?
Y cuando a lo lejos, entre el tumulto de gente que se desliza y camina a prisa como siguiendo la verdad, te veo y vuelvo a casa.

Las aves son del viento

Imagen
No te preocupes, yo imaginaré que nunca nos conocimos, que no entré aquella noche plateada al bar donde te escuché cantar. Que no bailamos ese rock que tocó la banda para nosotros. Le cambiaré de nombre a las canciones que te escribí, te recortaré de las fotos que guardo. Yo pintaré de nuevo las paredes para borrarle los secretos que dejamos escritos. Tú regresa a las fiestas, vuelve con tus amigas a incendiar las calles de la ciudad. Yo no me afeitaré más la barba para evitar que te pique las mejillas. Ya no tienes que tratar de entender mis libros de filosofía, ni tomar del vino que tanto odias. Olvidaré esas ganas tuyas de querer estar en otro lado. Y claro que ya puedes volar como siempre lo quisiste.