Como si la hubiese venido buscando desde hace media vida, la vio entre la multitud, distinguió esos pequeños ojos que con la vehemente mirada invitaban a la impetuosa tentación de perderse por los siglos de los siglos, hasta que se terminen las lunas Y después, el viento Ella, que también se sumergió en el océano de sus pupilas, eliminó la interferencia y los sonidos que hicieron los demás; esos que no entienden de adoraciones, por eso se pierde con él, hasta que se acaben los soles Y después, las letras