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no sabré de puntos finales

Contigo me busco suprimir las gafas del miedo; Tu sonrisa dulcifíca la vida, más que la miel al amaranto; No había brillado tanto el reflejo de mis ojos en un río; Te imaginé un atardecer llegando puntual a la ventana de mis ideales; Aprenderás a sentir la voz de mis manos; Hasta pronto, que el tiempo pase en en un abrazo (de los que no dejan respirar) Punto y coma
Que si te escribo es para no quedarme callada

Etcétera

Como si la hubiese venido buscando desde hace media vida, la vio entre la multitud, distinguió esos pequeños ojos que con la vehemente mirada invitaban a la impetuosa tentación de perderse por los siglos de los siglos, hasta que se terminen las lunas Y después, el viento Ella, que también se sumergió en el océano de sus pupilas, eliminó la interferencia y los sonidos que hicieron los demás; esos que no entienden de adoraciones, por eso se pierde con él, hasta que se acaben los soles Y después, las letras

Para ti, hoy y pronto

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Si me invade el silencio y a los dedos se les van las letras, no lo mal interprétes, nada más recuerda que hasta las estrellas celosas nos mirarán pasar, ya lo decía Gardel.

Tu

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Eres la conjugación de un verbo que todavia no se inventa

De vez en cuando

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Esos días de no decir nada conjugándose con la acumulación de tareas y los post its en el marco del monitor, la cafetera desocupada de café transgénico, los garrafones casi vacíos y los platos de la comida todavía sin lavar, los manuales de ecuación y la ropa repartida por toda la habitación, se vuelven alegría y sonríen hasta las velas, cuando detrás de la puerta y de media ausencia están tus ojos.

Ni tan verdadero

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No te voy a engañar porque no viene al caso, para qué prometerte cada uno de mis días si hay unos para mis amigas, unos para mi familia y otros para mi sola. No te voy a contar todos mis secretos, porque si sabes todo de mi, puede que te decepciones. Tampoco te voy a traer a vivir a mi casa, porque le quitaría el misterio de saber si te dejaré entrar cada noche después de una salidita. Mucho menos voy a decirte que te regalaré mis manos, mi cintura, mis ojos y mis rodillas, aunque son para ti, pero prestados, por tiempo indefinido si lo deseas. No quiero especular si quiera en mencionar aquello de que seré tu guía y te enseñaré lo bello de la vida, porque si te conduzco por un mal camino me sentiría tan culpable. Tampoco te voy a pedir que sólo menciones mi nombre y que en el silencio sólo oigas mi canción, porque sería inútil. Ya por último, para dejar mis negaciones de lado e irme contigo, hago la final declaración jamás he de permitirme desenamorarme de ti, ya que eso si sería una t...